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Escribo para nada y nadie. Si uno lee conmigo será por su cuenta y auto-riesgo. No hago literatura: Sólo vivo a través del tiempo. El resultado fatal de mi vida es el acto de la escritura. Clarice Lispector

Archivar para el mes “julio, 2015”

Palabra del día – Ajetreo


Ajetreo

Este sustantivo se derivó de un verbo que, antiguamente, se escribía ahetrear y se pronunciaba con h aspirada; se aplicaba a las tareas demasiado fatigosas. En el siglo XIX, la h cambió por j, ajetrear, y se empezó a usar el sustantivo ajetreo, con el sentido de ‘actividad o trabajo excesivamente’ cansador, como en este trecho de Doña Luz (1864), de Juan Valera:

A la tertulia diaria solo asistían ella, doña Luz y el padre, porque los demás andaban aún ocupados en los preparativos de la fiesta, o descansando del ajetreo de aquel día.

Esta palabra, que se deriva del antiguo vocablo español hetría, significaba ‘enredo, confusión’ y provenía de feitor ‘el que hace’, formada a partir del latín factor, -oris, del mismo significado. En el bajo latín de la Edad Media, factor tomó el sentido de enredar y hacer mal. Por esa razón, hasta el siglo XV, ahetrar significó también ‘enredar el cabello’.

El Titanic Español


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De sobra es conocido por todo el público la historia del Titanic, el indestructible transatlántico británico construido en el astillero Harland and Wolff de Belfast que perteneció a la naviera White Star Line como el segundo de los tres transatlánticos de la clase Olympic y que podía albergar casi hasta tres mil pasajeros. Como bien nos mostró la famosa película ganadora de 11 estatuillas, el buque se hundió inesperadamente contra todos los pronósticos en su viaje inaugural de 1912 cuando colisionó contra un iceberg, muriendo más de 1500 personas de las más de 2223 que iban a bordo.

El Titanic Español

El Titanic Español

El hundimiento del Titanic tuve un eco mediático global en los periódicos locales de medio mundo. ¿Pero fue realmente el único barco con características semejantes que se hundió en la segunda década del siglo pasado? La respuesta ante esta pregunta podría contestarse con el ejemplo del Príncipe de Asturias, un buque menos conocido por la oficialidad y que también costó la vida de centenares de personas, y cuyo hundimiento se produjo cuatro años después al del Titanic (1916).

El Titanic Español
El Príncipe de Asturias fue, junto al Infanta Isabel, el mayor mercante español construido hasta las fechas de aquella época, con 150 metros de eslora. Los astilleros Rusell & Co le dieron vida en 1914, y pasó a ser propiedad de la navegación Naviera Pinillos; una de las mayores agencias navieras más importantes de la España de la época. Sus semejanzas con el transatlántico británico hundido cuatro años antes, que le valieron el apodo de Titanic Español, eran las de la incorporación de un sistema de compartimentos estancos y una serie de adelantos técnicos.

El Príncipe de Asturias

El Príncipe de Asturias

Además ambos navíos habían sido bautizados por la prensa como “Palacios Flotantes”. Otras coincidencias entre ambos buques fueron su breve vida marítima o el elevado número de muertes en proporción a la tripulación y a los pasajeros que iban en cada uno de ellos; 1500 fallecidos de 2223 personas que iban a bordo en el caso del Titanic, y 450 fallecidos de 600 personas en el caso del Príncipe de Asturias. Además ambos navíos contaban con servicios orientados hacia a las clases más opulentas de la sociedad sirviéndose de todos los lujos necesarios como era el caso de un salón musical decorado con alfombras persas bajo una iluminación que otorgaba un ambiente acogedor y muy agradable, una biblioteca estilo Luis XVI o el comedor diseñado con maderas nobles finamente tratadas.

El Príncipe de Asturias partió el 17 de febrero de 1916 desde el puerto de Barcelona haciendo escalas en Valencia, Cádiz y Las Palmas rumbo a Buenos Aires, con una carga de 40.000 libras esterlinas de oro y veinte estatuas de bronce que tenían como objetivo conmemorar el centenario de la celebración de la República Argentina. Se cree, además, que a bordo viajaban unas 600 personas, sobre todo de nacionalidad española y argentina, aunque también había ciudadanos con pasaporte peruano, estadounidense y chileno.

Desde el puerto de Gran Canaria el Príncipe de Asturias puso rumbo a Brasil, pero antes de llegar al puerto de Santos, un temporal inestable le impidió llegar a su destino. La agitación del mar, la lluvia torrencial, la niebla y los fuertes vientos desviaron al buque hacia su catástrofe. Las señales por radio eran vanas bajo el temporal.

El 5 de marzo de 1916, tras una noche de climatología adversa que les había sacado de su rumbo, el Príncipe de Asturias colisionó de madrugada con los arrecifes situados a la altura de Punta Pirabura. La brutalidad del choque se tradujo en una bodega de proa desfondada. La explosión del buque fue casi inmediata, pues el golpe había causado una brecha irreparable en la zona situada en la sala de máquinas. El agua penetró con insistencia hasta las calderas, donde se calentó y avanzó con persistencia por el resto del navío hasta entrar en contacto con la tripulación. El agua hirviendo sentenció a los pasajeros y a la tripulación a una muerte trágica abrasándoles en el acto. Los que conseguían salir a cubierta para zafarse del agua hirviendo eran engullidos por el oleaje, siendo empujados con violencia hacia el mar. Muchos murieron atrapados dentro del casco.

No se pudieron enviar señales de auxilio porque el sistema eléctrico dejó de funcionar tras el fallo en las calderas. Tras una última explosión, y en tan solo cinco minutos, el Príncipe de Asturias se hundió en las aguas del Atlántico, dejando más de cuatro centenares de muertos. Solo sobrevivieron 87 tripulantes y 59 pasajeros de los 600 que iban a bordo. Muchos de ellos sobrevivieron a la explosión, pero poco después murieron ahogados en sus intentos de nado hacia la costa. Los supervivientes fueron rescatados por un carguero francés “Vega” procedente de Salvador de la Bahía.

Autor: Cynthia Esther Osorio Gutierrez para revistadehistoria.es

La Hora


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La hora no pasa,

No pasan los minutos y tampoco los segundos que restan
para construir el minuto siguiente.
La oscuridad de fuera,
El silencio de las alcobas
En cada mezcla del tiempo con mis deseos de verte por la mañana.
El tiempo parado en una dimensión desconocida,
Se fundiéndose con el tartamudeo del latir del corazón en el pecho.
¡Mi pecho!
Solo quería que el tiempo fuera a mi favor y nada más.
Poder descansar la mirada en tu cuerpo,
Besar tus labios,
Juntar bien nuestras caderas una a la otra.
Desnudarte al instante siguiente
Amarte por horas infinitas y sin prisa
Gozar el momento de magia celestial a tu lado.
Pero…
Sigue todo igual como hace un momento,
minutos,
Segundos,
Tiempo,
Atemporal

El reloj con su pereza única y personal.
Rechaza mi plegaría y el tiempo sigue su camino normal de minutos constantes y segundos exactos.

!Así es la hora!

Eso no cambia nunca, por más grande que sea mi amor.

Marcio Moreira Barros

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